Una ciudad fantasma, como un mapa transparente sobrepuesto en un diagrama de la ciudad, uno de recuerdos y zonas sensitivas. Geografías dolorosas, indeseables y deliciosas.
Fantasmas Franceses
Tumultos de pan y sudor, de soledad y esgrima. Conglomeraciones de residuos de mí en distintos idiomas que pasan por la calle traspolándose en crisis eternamente permanentes, unas canas después.
“Cuando lo real ya no es lo que era, la nostalgia asume su pleno significado”
Todas las ciudades en una realidad, golpes de codos inexistentes; tráfico de espíritus sabor a mantequilla, cotidianeidad con olor a epazote. Acentos ingleses en francés regocijándose de mi ignorancia de lo verdadero, acentos franceses en español me intentan convencer de que la transparencia de algunas personas en la calle no existe. Como si fueran reales, como si no estuvieran lejos, o muertos ya.
Los croissants con bombines y paraguas y turrones y lluvia todos se mezclan en las calles de color asfalto y automóvil que inundan estas partes del mundo, aquí donde hablamos mexicano, y otras cuantas ciudades fantasma de invasión, todos aquí pegaditos, pegajosos e inexistentes.
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